Han pasado seis meses desde que el Samsung Galaxy Z Fold7 llegó a mis manos, y durante este tiempo ha sido mi compañero tecnológico constante. No ha sido una relación de prueba superficial, sino una convivencia diaria donde he experimentado tanto sus innovaciones más brillantes como esos pequeños detalles que hacen dudar. Este no es un análisis técnico más, sino un relato honesto de cómo se comporta este dispositivo en la vida real, más allá de las especificaciones y los anuncios publicitarios.
Cuando abres por primera vez la caja del Z Fold7, hay una sensación innegable de estar sosteniendo el futuro. Pero el futuro, como descubrirás, tiene sus propias complejidades. A lo largo de estos meses, he usado este teléfono para trabajar, crear contenido, consumir medios y, por supuesto, para las tareas cotidianas de comunicación. La pregunta que muchos se hacen es clara: ¿este ingenio de ingeniería vale su considerable inversión, o es todavía una promesa que no termina de cumplirse del todo? Vamos a desgranarlo.
##El diseño y la construcción: elegancia que exige cuidados
El Galaxy Z Fold7 es, sin duda, un objeto de deseo desde el primer momento que lo sostienes. Samsung ha refinado su diseño año tras año, y en esta séptima generación se nota un trabajo milimétrico. El marco es más resistente gracias al uso de aluminio reforzado con aleación de titanio, y la bisagra, ahora más delgada, mantiene esa sensación de solidez que inspira confianza al abrir y cerrar el dispositivo. Cuando está plegado, su formato alto y estrecho es peculiar, pero sorprendentemente manejable para usar con una sola mano.
Sin embargo, la realidad del día a día impone sus condiciones. A pesar de la capa protectora mejorada de la pantalla interior y el vidrio Ultra-Thin Glass, existe una conciencia constante. No es el miedo al «crack» repentino que plagó a generaciones anteriores, sino una prudencia instintiva. Lo llevas en el bolsillo con más cuidado que a un smartphone tradicional, evitas apoyarlo sobre superficies con granos de arena y, aunque Samsung ha mejorado la resistencia al polvo, no es un dispositivo que invita a llevarlo a la playa sin preocupaciones. La elegancia y la innovación tienen un precio, y en este caso es una relación de uso más delicada.
###La experiencia al desplegarlo: de teléfono a tableta
Aquí es donde reside la magia, y tras seis meses, esa magia no se ha desvanecido. Abrir el Z Fold7 para revelar su pantalla interior de 7.6 pulgadas sigue siendo un gesto satisfactorio. La bisagra se mueve con una fluidez perfecta, permitiendo posicionar el dispositivo en múltiples ángulos gracias al modo Flex. Este modo es más útil de lo que parece inicialmente: desde videollamadas hands-free hasta tomar fotos grupales con el temporizador, se integra de forma natural en varios escenarios.
La pantalla interior es sencillamente espectacular para consumir contenido. Ver series, películas o jugar en esta canvas casi cuadrada es una experiencia inmersiva que hace que volver a una pantalla tradicional se sienta como un paso atrás. Para leer documentos PDF, libros digitales o navegar por webs con mucho texto, la comodidad es incomparable. El S-Pen integrado (ahora con un lugar para guardarlo en la funda oficial) transforma esta pantalla en un bloc de notas o una pizarra de brainstorming increíblemente productiva. Es, sin duda, el punto fuerte indiscutible del dispositivo.
##El software y la productividad: ¿un ecosistema maduro?
Samsung, con su capa One UI, ha hecho un trabajo monumental para adaptar Android a este factor de forma dual. Tras medio año, puedo afirmar que la experiencia es mayoritariamente fluida e intuitiva. Funciones como la barra de tareas, que permite anclar aplicaciones favoritas para un acceso rápido, o el gesto para convertir una app en ventana flotante, se convierten en segundas naturaleza.

















